Recuerdan la metáfora del ave, todos conocemos ese dicho: si lo dejas ir y regresa es tuyo y si no lo hace, es porque nunca lo fue; creo que estos momentos esa ave que abrió sus alas para conocer un mundo nuevo y libre de ataduras no ha regresado a mis manos porque no ha sido destinada a estar a mi lado.
No voy a negar que la extraño, pero algunas veces me siento feliz por ella porque sé que está haciendo eso que la hace feliz, volar en su mundo donde todo lo que importa es aquello donde sus alas puedan estar extendidas y libres sin verse aprisionada por una jaula que no le permite ser tal cual es por el simple hecho de ser diferentes.
Lo único que extraño, es no haber podido decirle adiós; pero, yo sé que en su libertad me recordará cuando mire en su pasado y se haga un recuento de aquellas personas que la quisieron e hicieron todo lo posible por hacer de su vida algo inolvidable. Esto es un adiós sin despedida que resulta ser beneficioso pues suelen decir que las despedidas duelen más cuando se está de frente.
Mi pequeña ave, tu recuerdo siempre guardaré de una manera especial, porque querer ser libre no es pecado, ni te hace ser mala ante la sociedad.




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