Les cuento la historia de una joven adolescente de unos 13 ó 14 años, para mucha gente ella era bonita, inclusive tenía un pretendiente cerca de su casa. Su familia siempre la cuidaba mucho y por eso no la dejaban tener novio aún y además la sobreprotegían porque era "la bebé de la casa".
Un día viendo televisión en algún canal se encontró con una novela en la cual podía identificarse completamente. Una muchachas a punto de cumplir 15 años, con pretendientes y muchos deseos de llegar a tener su fiesta de Quince. Hasta ahí muy bonito, la joven veía las relaciones interfamiliares y las cosas que sucedían alrededor de las protagonistas, llegó a meterse tanto en esa historia que incluso soñaba con los protagonistas y ella se veía metida en esa telenovela de adolescentes que llegó a marcar su vida.
Su familia no pensaba que estaba haciendo nada malo, llegaba de clases, hacía sus tareas, los trabajos, siempre continuaba con buenas notas; pero nunca se sentaron con ella a observar lo que veía día a día en esa historia mexicana "falsa". Las protagonistas tenían novio y como a una de ellas no la dejaban se veía a escondidas, eso mismo hizo la protagonista de mi historia, empezó a verse a escondidas o en la casa de sus amigas con el niño que le gustaba, y así iba imitando sin darse cuenta muchas de las acciones que se vivían en la telenovela. Llegó a un punto donde se empezó a sentir incómoda con su cuerpo, veía a sus compañeras y algunas eran muy lindas y delgadas -cabe mencionar que ella no era gorda, pero desarrolló a muy temprana edad por lo que su cuerpo era diferente al de muchas de sus amigas-, no podía hacer ejercicios porque no le alcanzaba el tiempo entre el estudio y las tareas en casa, a parte del tiempo invertido en la "novelita".
Era temporada de partidos durante un mundial de fútbol, todos se reunían en su casa a comer chicharrones, boquitas, frijolit
os, carne asada y comían y comían hasta que terminara el partido. Ella también comía todo lo que le ofrecían, pero llegaba a sentirse tan cerda, tan glotona que despistadamente se iba al baño se mira al espejo con repulsión y con una preparación mental de unos minutos introducía su dedo índice hasta su garganta unas cuantas veces hasta que por fin lograba su cometido, devolver por su boca todo aquello que Y así fue, ella seguía comiendo y comía y comía por las noches cuando le daban ataque de anciedad conocidos como atracones y luego de la misma manera se sentía tan mal consigo que debía correr al baño cuando nadie de su familia la viera y del mismo modo realizaba su rutina: Primero lavarse las manos, se miraba al espejo con asco, luego se arrodillaba ante el inodoro, respiraba hondo unas cuantas veces y de inmediato introducía su dedo índice hasta tocar su garganta y así poder darle fin a todo lo que había comido para poder dormir tranquila porque no se iba a engordar por haber botado lo antes ingerido.
Se preguntarán que tiene que ver la historia de la novela con esto, pues mucho. Fue de esa novelita mejicana que ella sacó la idea de vomitar. Una de las protagonistas era anoréxica-bulímica, tal como ésta joven estaba comenzando a ser. Fue en esa novela donde ella encontró el apoyo ante su necesidad de una manera estúpida e inmadura para bajar de peso, aunque no lo necesitaba.
Eso fue aproximadamente unos ocho años atrás, yo era esa joven que estaba inconforme con su físico, pero después de un susto donde sin querer me rompí la boca y vi sangre salir de ella mientras vomitaba, me dije que era tiempo de parar. Busqué ayuda psicológica y mi familia se enteró también un día al escucharme en el baño, preocupados me llevaban cada quince días con la psicóloga, y así poco a poco fue creyendo que no tenía más problemas con mi peso.
Unos años después volví a caer y busqué la misma ayuda que había sacado adelante, y creí que estaba bien... Ahora cada vez que me levanto, me estiro un poco y me veo ante mi enemigo el espejo, levanto mi blusa y toco con mis manos mi estómago, lo meto y lo saco para ver la diferencia, pongo mi mano tapando la silueta extra que se sale de mis costillas para imaginar que así me vería mejor. Es ahora que te
ngo 22 años que me doy cuenta que continúo con este problema, tal vez ahora no esté vomitando y puedo decir que la bulimia la dejé de lado, pero la imagen que veo ante el espejo no es la de una mujer delgada...Hago ejercicio y voy a nada, me regalaron un reloj de frecuencia cardíaca para poder controlar a mi corazón y bajar la grasa, y ahora que me pesé eh bajado dos kilos más en dos semanas, pero sigo viéndome al espejo y veo en mi enemigo una silueta que no es delgada y es entonces cuando comienzo a preocuparme y creo que estoy viviendo en un cuerpo que no es el mío porque la balanza me dice que estoy flaca pero el espejo me dice lo contrario.
Es entonces cuando me nace la duda: ¿Seguiré aún enferma con algún trastorno alimenticio, seré aún anoréxica? No lo sé, no estoy segura porque sigo comiendo y goloseando chocolates y repostería.
No he dejado de comer; pero mi enemigo me dice que estoy enferma porque vive en una lucha constante contra la balanza...



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