Las dos personas por las que existo

Las dos personas por las que existo
Papi y mami, mis amores

Esta soy yo a mis 23 años

Esta soy yo a mis 23 años

10 de febrero de 2010

Gana la tristeza al amor?


Ya no sé qué sentir, no sé si es que quiero jugar de mártir o simplemente el corazón me está destrozando por dentro porque sabe que soy egoísta, sabe que no merezco lo que tengo. No sé, si estoy siendo fuerte conmigo misma o es tan sólo que me cuesta aceptar la realidad. No lo sé.

Hoy ha sido uno de esos días donde te levantas y crees que todo seguirá su rumbo, como cada día de tu vida que se supone es normal. Todo muy bien en la mañana y empiezas a trabajar en los asuntos pendientes y de repente algo exprime a tu corazón, tu cerebro se cierra, el dolor en el pecho no te deja respirar, no contienes las lágrimas en tus ojos y el sentido de culpabilidad te hace sollozar y junto a este sentimiento nace una tristeza que no puedes descifrar; y como si fuera poco, sientes la necesidad de salir corriendo pensando en que alguna desgracia podría sucederte y así, de esta manera terminar con esta agonía que te esta matando por dentro por algo que aún no descifras y puede ser el origen de tu malestar.

Llorar y llorar en un momento así te sirve de consuelo, pero apenas cesan las lágrimas el dolor vuelve a tu pecho. ¿De qué sirve llorar con todas tus fuerzas hasta arrancar de tu garganta el último aliento, si en unos pocos segundos volverás a morir en tu sufrimiento? Puede resultar exagerada dicha metáfora; pero, estoy hablando de una realidad, no lo estoy convirtiendo en una vaga hipérbole sin sentido que transformaría este escrito en algo vacío.

Sin embargo, siempre hay algo que te ayuda a llorar más, pero sin sentir un sufrimiento agotador, sino que lloras desahogando tu ser y abriendo en tu pecho una hendidura que dará fortaleza a tu corazón. A través de los años, he aprendido que mi hermana y mi mamá siempre van a querer lo mejor para mí, y que el mejor consejo que podría obtener va a ser de ellas. Y en días como hoy, vuelvo a retomar dicho recordatorio. Fue en mi hermana, esa persona que me conoce y no le cuesta adivinar mis sentimientos, en la que encontré ese hoyito que liberó un poco a mí corazón. Ella con sus palabras buscando un regaño de una manera sutil para hacer reaccionar a la razón -que la tenía completamente sumisa- logró arrancar la ultima lágrima que me hizo suspirar. Ella, mi hermana, como un angelito terrenal me sostuvo entre sus brazos y me enseñó un camino mejor para dejar de sufrir, con su compasión y entendimiento me sacó del inframundo en el que estaba cayendo... pero aún con su ayuda, quedan en mis pensamientos una pizca del dolor que estaba sintiendo y lo peor es que su consuelo está perdiendo efecto, pues a través de estas líneas estoy cayendo nuevamente en la confusión.

Algunos dirán que estoy imaginando cosas y que exagero un sentimiento que no vale la pena recordar, pero aquel que no se ha metido en mi pecho y ha tomado entre sus manos este sentimiento, no podrá ser capaz de juzgar a una mujer que necesita llorar...


Entre líneas no dejo dicho la causa de este sufrimiento, porque ni yo misma tengo conocimiento del responsable que a mi pecho sigue hiriendo...





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Esta soy yo a mis 22 años

Esta soy yo a mis 22 años
Febrero 2010